La tricotilomanía (arrancarse su propio pelo) fue descrita en la bibliografía por el psiquiatra francés Hallopeau, en 1889, y fue aceptada como un diagnóstico psiquiátrico casi cien años después, en 1987. Su incidencia se considera que oscila entre el 0.6% y el 1.6%. De las personas con tricotilomanía solo el 30% se come el pelo (tricofagia) y de ese porcentaje se estima que un 1% requerirá tratamiento quirúrgico para remover el tricobezoar.
Cuando el tricobezoar tiene una cola que se extiende hasta pasar el duodeno, se da una sintomatología diferente conocida con el nombre del síndrome de Rapunzel.
Se le llamó así, ya que «poéticamente» esta problemática evocó el cuento de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm, escrito en 1812, que habla de una joven de cabello tan largo que tiraba sus trenzas para que el principe subiera. A los padres de Rapunzel, por comer la fruta prohibida del jardín de la bruja, esta les quitó su hija y la encerró en una torre. Pero eventualmente el príncipe que la rescata, logra salvarla al subir por medio de sus trenzas.
Los pacientes tricofagia son presa de su adicción comer pelos y no es sino hasta que «un síntoma» asoma, que el médico o cirujano acusioso descubre y «salva a la joven princesa».
El síndrome de Rapunzel tiene su origen en la tricotilomanía, que unida a una tricofagia produce a lo largo del tiempo un tricobezoar. O sea que un problema psiquiátrico es la causa de una «cirugía». La bibliografía señala que en un 90% de los casos los tricobezoares se reportan en mujeres, y en menores de 30 años, el 80%. El diagnóstico se suele complicar porque el paciente con frecuencia oculta su tricofagia.
Los pacientes se arrancan el pelo de la cabeza, las cejas, las pestañas, brazos, piernas y pubis. No en todas las personas que se «arrancan» el pelo se produce alopecia. En un porcentaje de aproximadamente un 1.5% de los hombres se vuelve crónico, y en un 3.4% de las mujeres así sucede.
Dos tipos de tricotilomanía se han descrito en función del desorden, y pueden existir, solos o a la vez. El «focalizado» consiste en que la persona se detiene en tiempo y atención para halar el pelo. Este tipo se ha asociado a una sensación de tensión previa a halar el pelo, que mejora una vez que este se arranca. El «automático o sedentario» se caracteriza porque la persona se hala el pelo cuando descansa, ve televisión y no se percata de que lo hace, hasta que descubren el pelo en su mano.
Entre un 40% y un 70% de las personas que se halan el pelo hacen algo más con el juegan, se comen la raíz, lo pasan por los labios o se lo comen. Cuando la tricotilomanía aparece antes de los 10 años es más de tipo automático o sedentario y suele tener mejor pronóstico. Si la tricotilomanía ocurre en la adolescencia, se describe que suele evolucionar a la cronicidad y acompañarse de otros trastornos psiquiátricos; es más frecuente en mujeres que en varones.
Algunos autores consideran la tricotilomanía como parte de «las conductas repetitivas centradas en el cuerpo» (Bohne, et al. 2002), es decir todos aquellos comportamientos de una persona, en los cuales se arranca partes de su cuerpo: como pelo, uñas o mucosas, y que son parte de lo que se conoce como un trastorno del control de impulsos.
Las complicaciones de la tricotilomanía, en general, son rash o eritema del área, alopecia, infecciones del cuero cabelludo y hasta síndrome del túnel carpal. Cuando las personas se comen el pelo, el riesgo es que se forme un tricobezoar y se produzca un problema de absorción intestinal, con todas las complicaciones propias de los bezoar.
En cuanto al tratamineto, los niños y niñas requieren una evaluación por psiquiatría de niños y adolescentes, para aclarar diagnósticos y establecer los respectivos tratamientos con el fin de evitar una recaída o cronicidad del caso, dentro de lo posible
Referencias:
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6. Ocampo del Prado, LC, Cervantes R, Mata N., Zárate F, Ramírez-J. Tricobezoar. Informe de un caso interesante. Presentación de un caso y revisión de literatura. Acta Pediatr Méx 2003;24:194-7
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